El término logoterapia, como nos cuenta el propio Frankl (1993), proviene de la palabra «logos» (sentido, significado, propósito) por eso habla de la voluntad de sentido en vez del principio del placer del psicoanálisis y en contraste con la voluntad de poder adleriana.
La logoterapia, por lo tanto, permite hacer frente a la neurosis noógena, es decir, aquella neurosis que no nace de los conflictos entre impulsos e instintos, sino más bien de los conflictos espirituales o existenciales.
La logoterapia considera que su cometido es ayudar al individuo a encontrar el sentido de su vida, en cuanto la logoterapia le hace consciente el «legos» oculto de su existencia; este, un proceso analítico e introspectivo.
La logoterapia difiere del psicoanálisis en cuanto considera al hombre como un ser cuyo principal interés consiste en cumplir un sentido y realizar sus principios existenciales, y no en la mera gratificación y satisfacción de sus impulsos e instintos con cosas, o en la simple adaptación y ajuste a la sociedad y al entorno.




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